La espiral ascendente del
tiempo envuelve mi cuerpo tibio y lo eleva
por encima del terrible muro gris.
Puedo viajar en otra dirección,
mi maestro descansa den-tro de mí
y me reconozco en cada pincel que no pasó
por aquí.
Me sueño a mi misma pintando todo
de naranja y danzan-do desnuda mis telas
aún blancas.
Brotarán de mis pies los colores
del futuro, pero la música que
inspire mi danza vendrá de las
cuerdas de tu guitarra... y a cada uno
le será dado lo suyo.