La fiebre de mi deseo pretende
envolverte, asfixiarte y traerte a mis
pies descalzos que sangran tu silencio.
Mis poros te sienten todavía desde
la distancia maldita que me desgarra.
El horizonte es oscuro. Decantan tus llamas
detrás del frío de tu mirada,
puedo verlas aunque el miedo las cubra
de escoria.
Pero habrá nueva melodía
para mi cuerpo tibio y mis manos blancas.
Seré de nuevo yo, reviviendo en
seis cuerdas que comienzan a vibrar en
mis entrañas...